Crónica del encuentro Traductores verdes [fritos]

 

Autor: Miguel Sanz Jiménez

Gijón fue la ciudad elegida por ACE Traductores para celebrar el primer encuentro de traductores editoriales noveles. Allí me dirigí, con el pronóstico de un fin de semana soleado en el que conocer a otros traductores que también dan sus primeros pasos en el mundo editorial. Tampoco faltaban las ganas de aprender del consejo y de la experiencia de los más veteranos.

Bienvenida y networking

Ya en el tren de ida pude encontrarme con algunos de los traductores que participarían en el congreso. Gijón nos recibió con el cielo despejado, ideal para disfrutar de sus calles y del paseo por la playa de San Lorenzo hasta el hotel que acogía el encuentro de traductores noveles. Allí nos dieron la bienvenida Teresa Lanero, Carlos Fortea (el presidente de ACE Traductores) y Coralia Pose, la traductora local que tanto ayudó a organizar este acto.

Tras la inauguración, Paula Aguiriano moderó la charla con Jaime Zulaika, traductor de escritores del calibre de Philip Roth o Ian McEwan. En una sesión amena y distendida, Jaime nos habló de sus inicios en el mundo editorial, de la relación que tiene con los correctores (ya lo decía Borges, «se publica para no seguir corrigiendo»), de los falsos amigos y de los problemas que plantea la traducción de los refranes y los juegos de palabras. Subrayó que la actividad traductora está a medio camino entre leer y escribir y que prima, ante todo, el buen manejo del español.

La conversación continuó en un ambiente más informal en el Llagar de Viñao, donde los asistentes al encuentro pudimos disfrutar de una espicha tradicional en la que, por supuesto, no faltó la sidra bien escanciada. Fue la ocasión perfecta para romper el hielo, intercambiar experiencias y hacer contactos, lo que ahora llaman networking, tan importante en nuestra profesión. Por mi parte, no olvidaré la ocasión que tuve de charlar con Miguel Sáenz, toda una institución en la traducción literaria.

La noche avanzaba y la sidra no se terminaba, pero llegó la hora de marcharse: nos esperaba un sábado intenso.

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Mesas redondas, contratos y paseos literarios

El sábado arrancamos pronto, porque a las 9:30 se reanudaba el encuentro. Esther Cruz dio la palabra a los representantes de tres generaciones de traductores: Elia Maqueda, Carlos Mayor y Miguel Sáenz. Los tres conversaron sobre sus inicios, sobre los muchos caminos que llevan a la traducción, la responsabilidad con los lectores y la necesidad de cuidar el español. Como dijo Miguel Sáenz, «Un buen traductor es el que lee», ya sean las novelas ligeras que toque traducir o los clásicos. Además, hablaron del trato con las editoriales e insistieron en negociar los plazos de entrega.

A continuación, Teresa Lanero presentó a cuatro jóvenes traductoras que, con mucha ilusión, expusieron sus proyectos personales, de lo más variados e interesantes: Ana Flecha presentó la editorial The Publishing Cabin, surgida de las clases de español que estuvo impartiendo en un colegio de Noruega y dedicada a revistas y producción propia; Julia C. Gómez apuntó las ventajas de revisar las traducciones en voz alta; Julia Carrasco nos enseñó a rotular la traducción de una novela gráfica para hacer una propuesta a una editorial; e Irene Oliva nos animó a enviar a las editoriales la propuesta de traducción de un libro que nos apasione, porque el que la sigue la consigue. Las microexposiciones dieron paso a los testimonios de Eugenia Vázquez y Marta Cabanillas, quienes, moderadas por Violeta Sánchez, explicaron cómo fue la experiencia de traducir en el extranjero y animaron a los asistentes a solicitar una estancia en las Casas del Traductor, pues supone una vivencia perfecta para desarrollar el método de trabajo propio y ganar confianza en la tarea.

Tras degustar una buena fabada asturiana, la tarde arrancó con el taller «¿Dónde hay que firmar?», en el que Arturo Peral explicó los doce pasos que debe seguir todo encargo de traducción editorial y recalcó la importancia del contrato. La ponencia favoreció el diálogo entre los asistentes, se resolvieron las dudas, se habló de los derechos de los traductores, de la explotación de las obras en formato digital y de los contratos tipo disponibles en la web de ACE Traductores.

La tarde concluyó con un paseo literario por el barrio de Cimavilla, en el que el simpático guía nos mostró los escenarios de los relatos costumbristas de Pachín de Melás y nos recordó el nombre completo del ilustrado Baltasar Melchor Gaspar María de Jovellanos. Antes de disfrutar de la noche gijonesa, Cristina Macía, presentada por el también traductor Juan P. Martínez, nos recibió en la librería Central para contar anécdotas sobre su traducción de Canción de hielo y fuego (de George R. R. Martin), sus inicios en la traducción de cómics, el trato con el editor y su trabajo con la obra de Terry Pratchett.

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Editoriales, proyectos y despedidas

El domingo por la mañana, Concha Cardeñoso y Miguel Ros nos dieron los buenos días con un diálogo que abarcó desde sus primeros pasos en la traducción editorial a la relación que mantienen con los correctores, con quienes incluso pueden llegar a formar un tándem. A continuación, Coralia Pose presentó a Daniel Álvarez y a Marián Bango, los editores de Hoja de Lata y Satori, respectivamente, que explicaron cómo el editor es, en el fondo, un hombre orquesta. Compartieron anécdotas acerca de su relación con los traductores y animaron a los asistentes a buscar un proyecto único y enviar propuestas, además de insistir en la importancia de valorar el trabajo propio y, para ello, pedir unas tarifas y unas condiciones dignas.

El encuentro estaba a punto de terminar, pero, antes de la clausura formal, Claudia Toda y Teresa Lanero nos alentaron a «adoptar un proyecto verde», es decir, a seguir difundiendo la labor de los traductores editoriales, ya sea en actos locales organizados en bibliotecas, facultades y ferias del libro o bien por las redes sociales, como es el caso de la iniciativa @creditame.

Llegó la hora de las despedidas y de decir adiós a tres días de un encuentro enriquecedor en un ambiente único que ha favorecido el diálogo y el intercambio de ideas, experiencias y propuestas.

Gracias a quienes se han volcado en estas jornadas y las han hecho posibles. Nos vemos en la próxima; espero que para entonces estemos menos verdes y menos fritos, pero sigamos siendo siempre traductores.

Podéis echar un vistazo a los tuits del encuentro bajo la etiqueta #TraductoresVerdes

 

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