Talleres de traducción de Soria: una crónica a tres voces

Denis Torres Gamero, participante en el taller EN>ES

El fin de semana del viernes 14 al domingo 16 de julio de 2017 tuvieron lugar los primeros talleres de traducción de Soria, organizados por ACE Traductores y el CIAM (Centro Internacional Antonio Machado). Hubo tres talleres: uno de traducción del inglés, otro del francés y otro del alemán. Lamentablemente, el taller de traducción del italiano tuvo que anularse por no haberse matriculado un número suficiente de alumnos.

Organizadores, profesores y alumnos llegamos el viernes por la tarde al convento de la Merced, edificio histórico que alberga el CIAM (lugar donde se celebraron los talleres). Tras el discurso de recepción, pronunciado por los organizadores, todos los asistentes nos dirigimos al jardín del convento, donde pudimos picotear algo, empezar a conocernos y charlar. Después de la cena, fuimos a tomar una copa a la Alameda de Cervantes para continuar socializando.

A la mañana siguiente, después de desayunar, los tres grupos nos pusimos manos a la obra con nuestros respectivos textos. Habíamos recibido y traducido de manera individual dichos textos unos días antes, así que durante los talleres lo que hicimos fue poner en común el trabajo realizado e intentar redactar una traducción unificada perfecta. Fue un día muy completo: trabajamos en la traducción durante seis horas en total, hicimos una visita guiada por la ciudad y, una vez más, por la noche nos reunimos para tomar algo, esta vez en el río (con chapuzón nocturno incluido para los más valientes).

Soria todos

El domingo por la mañana dimos los toques finales a los textos y nos reunimos con los demás grupos para comentar la experiencia. Es una lástima que, por falta de tiempo, no pudiéramos realizar esa lectura pública de nuestras traducciones que estaba prevista. Después de comer fuimos a tomar nuestro último café juntos y llegó el momento de las despedidas. Algunos afortunados pudimos alargar nuestra estancia en la ciudad un día más y disfrutamos de un último baño y una última cena en el río.

Fue un fin de semana estupendo. En mi caso, fue el primer encuentro relacionado con la traducción al que asistía y estoy convencido de que no va a ser el último. No podía haber ido mejor. Había gente de ciudades distintas (e incluso de países distintos), de diferentes edades, recién graduados, traductores con años de experiencia, personas que han llegado al mundo de la traducción por diversos caminos… He conocido a gente muy interesante con la que no pienso perder el contacto, he aprendido muchísimas cosas y he tenido la oportunidad de visitar la encantadora ciudad de Soria. ¡Ojalá puedan celebrarse estos talleres durante muchos años.

 

Mateo Pierre, participante en el taller FR>ES

Acudí al taller de Soria, como ex estudiante de Traducción e Interpretación, con la intención de traducir de manera supervisada literatura en francés y conocer a mis potenciales colegas. A pesar de que las expectativas estaban altas, se cumplieron con creces.

Es una suerte que ACE Traductores y el Centro Internacional Antonio Machado se hayan tomado la molestia de embarcarse en un proyecto de estas características, con profesionales de primera línea, en un lugar tan propicio y, siendo sincero, a un precio tan razonable.

El taller de francés ha sido, para mí, un éxito. Al ser cinco participantes, un número ideal para trabajar de forma dinámica, pudimos llegar a traducciones que hubiesen sido muy complicadas de realizar con tantos matices individualmente. Si bien se iban a publicar y esto suponía una fecha de entrega ficticia, como bien dijo una compañera, lo importante era el proceso. Gracias a que nos facilitaron los textos con antelación, pudimos llevar meditadas nuestras propuestas de los clásicos franceses, que después pulimos mediante el intercambio, el debate y la argumentación. Resulta muy enriquecedor encontrar nuevos puntos de vista, percepciones e interpretaciones, así como descubrir recursos que pueden facilitar la tarea.

En clase

El otro aspecto que me sorprendió muy positivamente fue el ambiente: los profesores fomentaron el diálogo siempre de tú a tú, lo que permitió plantear preguntas de tipo académico y profesional; la visita guiada, que se alargó hasta altas horas de la madrugada, sirvió para despejar la mente después del trabajo intelectual y conocer esa ciudad cargada de literatura; las comidas, descansos y noches fueron momentos idóneos para tratar de manera distendida todo tipo de temas, desde la situación del mercado editorial en España hasta los beneficios del yoga, pasando por las distintas recetas de gazpacho, y comprobar que, además de traductores, somos personas.

 

Pablo Isidro Gómez, participante en el taller DE>ES

Las expectativas de muchos eran altas. Me atrevería a decir que no tanto por lo que sucediera en los talleres, donde nos enfrascaríamos en malabares y acrobacias, decididos a resolver puzles de palabras, ideas, culturas. Más bien íbamos en busca de lo que pasara entre bambalinas, perseguíamos los entretiempos. Ya fuera con los vinos de la toma de contacto, con los cafés cuyos estímulos nos permitirían luego vencer la obstinada resistencia de endemoniadas oraciones o en las lecciones nocturnas de astronomía, con el cielo soriano de escenario y la Vía Láctea, Casiopea, el Triángulo de verano, una estrella fugaz y una luna inconmensurable como protagonistas.

Fugaz pasaba el tiempo cuando el sábado nos peleábamos con las diferentes lenguas y sus trampas. En el taller de alemán, el reloj de mi ordenador marcaba las 13:40 y, teniendo en cuenta que habíamos arrancado a las diez y que había transcurrido apenas un suspiro, aquello solo podía ser un error. Pero todos los relojes decían lo mismo. Así que al poco nos fuimos a comer, y en el descanso hablamos de literatura, poesía, traducción, culturas lejanas y no tan lejanas. Volvimos a la carga, en busca de aquello que no sabíamos muy bien qué era. Nuevas batallas de las que siempre salíamos enteros, pero al mismo tiempo dejándonos algo —rasguños— en el camino, al cruzar esos puentes que llamamos traducir.

Otro alto en el camino, tras muchos puentes cruzados. Esta vez para relajar músculo y conocer el románico de Soria, esa singular versión de Caín y Abel que refleja la perpetuación de la violencia en el mundo. Nos recordó a cómo un mismo texto encierra diversas interpretaciones, a cómo podemos retraducir obras y encontrar matices ocultos tras los reversos de las palabras. Vimos la Soria que caminaron y contemplaron Bécquer y Machado: el «abrazo» del Duero, el monte de las ánimas, la magia de San Saturio… Se esfumó el sol y seguimos buscando verdades, ahora sin café de por medio: sábado noche. Y terminamos —cómo, si no— buscándolas allá arriba, donde se agolpan los interrogantes. Aprendimos más sobre ese manto negro y sus pobladores. Y que no falte una mención a los valientes que vencieron el frío del Duero.

soria paseo

El domingo tuvieron lugar los últimos asaltos a las palabras, y salimos victoriosos, porque todo es traducible y esa es la razón de ser de nuestra existencia. Salimos con algún rasguño, sí, pero los textos también se quedaron con un trocito de todos nosotros. Tuvimos oportunidad de comentar los (muchos) aciertos de esta primera edición y también las posibles mejoras, para que se hagan realidad la segunda edición, la tercera y muchas más. Porque esta colaboración ACE Traductores-CIAM no puede quedarse ahí. Porque todos encontramos algo de lo que veníamos buscando, y nos lo llevamos con nosotros. Para que otros puedan vivir esta estupenda experiencia. Ya están germinando nuevos e interesantísimos proyectos conjuntos. Estad atentos al crecimiento, la semilla plantada en este debut tiene futuro.

Tras la última comida, aún hubo tiempo para un último café, y luego cada traductor a su texto. Pero, probablemente, hasta dentro de no mucho. Porque ya sabemos «de qué casualidades depende el azar de una persona», como decía Altenberg… ¿O era el «destino»?

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